
El de las Palmas, claro. Como tantos domingos, he pasado la mañana caminando por la ladera oriental, la que da al mar. El día soleado invitaba a salir al campo y auguraba multitud de observaciones interesantes. Subí a ver el carrascal, por las laderas del
Barranc de la Pollosa, que desde la
Masía de Salandó asciende para luego dividirse en dos ramas hasta alcanzar la
Font de la Teula y la loma donde se asienta el convento viejo. Todo matorral: jaras, lentiscos, madroños, brezos, espinos, allá alguna carrasca o un grupo de pinos... El sol calentaba un poco el ambiente y los pájaros se mostraban activos y ruidosos. Las aves estivales ya nos han dejado y en su lugar han regresado al matorral los
petirrojos, las
currucas capirotadas, los
zorzales, y se siguen viendo
currucas cabecinegras en el matorral, y en los árboles,
jilgueros,
carboneros y
reyezuelos.
Las lluvias de los días pasados han reverdecido el paisaje, y devuelto el agua al arroyo que baja entre el cañaveral. Los frutos rojos del
lentisco, los negros de
espino albar, los naranjas del
madroño, los verdes o pardos del
enebro, las vainas de
algarrobos y
adelfas, las bellotas de la
coscoja, destacan entre el verde de las hojas. Además, las primeras flores de la estación pueden verse ya en el
brezo rosa (
Erica ummbellata)( en la imagen), el
madroño y la
asahullá (
Globularia alypum) de flores azules.
Los insectos son ahora más raros. Se siguen viendo
abejas, sobre todo en las flores del madroño, y algunas
mariposas:
Pararge,
Lasiomata,
Pontia daplidice - e incluso la sorpresa de una
Vanesa atalanta! También se ven las
avispas y los
Bombus más tardíos, y resisten algunas
libélulas (
Sympetrum).
Así que hay mucha vida en el Desierto! Que lo disfruteis!